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La Sala de criminalidad informática investiga en estos momentos los tuits de contenido injurioso y homófobo que recibió el cantante Miguel Bosé tras publicar en la red social un mensaje en homenaje a su sobrina Bimba fallecida el lunes. Bosé tiene la opción de querellarse por injurias contra cada uno de estos tuiteros pero, si la Fiscalía determina que se ha producido un delito de odio, el Ministerio Público actuaría de oficio.

La persecución de este tipo de delitos es cada vez más intensa en nuestro país, como revelas casos no exentos de polémica como el de la imputación a una tuitera de Murcia por bromear sobre el asesinato de Carrero Blanco. En el caso de las vejaciones póstumas a Bimba Bosé, los tristes precedentes que sientan otros casos como el acoso a Jesús Tomillero, el primer árbitro en salir del armario o los insultos tras la muerte por cornada del torero Víctor Barrio indican que los acosadores las tienen todas para salirse con la suya.

No atacan desde España

“Le dio cáncer por escuchar tu música de mierda, pinche perro…”; “Esa Bimba Dios la castigó por lesbiana…”. Estos son fragmentos de los tuits que han estado acosando de forma inmisericorde a Miguel Bosé en las últimas horas. Tienen algo en común más allá de la deplorable homofobia y la violencia de sus contenidos: los giros latinoamericanos del idioma denotan la presumible procedencia del usuario. El ‘pinche’, de hecho, es inequívocamente mexicano.

Un hablante americano no tiene evidentemente por qué tuitear desde Latinoamérica, podría tratarse de un residente en España. Pero el cono sur es refugio seguro para los trolls que se divierten acosando a usuarios españoles con insultos y amenazas de muerte. La brigada de delitos telemáticos de la Policía Nacional confirma a EL ESPAÑOL que el protagonismo de los usuarios latinos en esta clase de delitos es “alto”. Los españoles son un objetivo fácil, al compartir idioma y referencias comunes: escandalizar a los “gachupines”con propósitos violentos, homófobos, machistas y racistas es su diversión.

“Hay que denunciar siempre” – declaraban las mismas fuentes policiales. “Aunque parezca que no se hace nada, no es así, se cursa siempre el proceso con la red social y con las autoridades del país de residencia del tuitero”. El problema, sin embargo, está en ese paso final. “Si el delito no está tipificado de la misma manera que en España, los trámites son complicados y lentos” – explican fuentes legales a este periódico.

No hay una normativa internacional

El tribunal que quisiera procesar a uno de estos trolls debería solicitar el auxilio judicial internacional al país de residencia, un trámite en el que interviene Exteriores como en cualquier otra petición de extradición. Pero que esto suceda por un delito de odio en las redes sociales es todavía “raro”, coincidían ambas fuentes. “Nos falta una Interpol de los jueces” – lamentaba un letrado especializado en derecho de la información.

En el caso de los Bosé, su fama en Latinoamérica ha actuado como acicate para ponerle en el blanco de los acosadores. El cantante tendría una opción para facilitar los trámites: presentar las querellas por injurias en un tribunal del propio país de residencia del tuitero. Pero en este caso, la dificultad residiría en la laxitud legal que ampara de facto estas prácticas en estos países, en contraste con la intensificación de la persecución de estos delitos que se están dando actualmente en España.

Están entrenados para ‘trolear’

Dos personas fueron detenidas el pasado diciembre por desear la muerte en las redes sociales a Adrián, el niño fan de los toros y enfermo de Sarcoma de Ewing para el que se organizó un festival taurino en Valencia. El factor diferencial no está únicamente en que estos usuarios sean residentes en España, lo que simplifica el proceso, sino que lo hicieron desde sus cuentas personales, en las que están perfectamente identificados, sin sospechar que sus mensajes podían ser objeto de investigación.

Los trolls detrás de campañas como el acoso a los Bosé, en cambio, son perfectamente conscientes de lo reprobable de sus acciones. Manejan decenas de cuentas paralelas al mismo tiempo, sabedores de que las redes sociales se las irán quitando con la misma rapidez con la que ellos las vuelven a crear. Borran sus huellas y evitan dar datos personales; mantienen sin embargo algunos signos reconocibles en sus nombres de usuario e iconos para reconocerse entre ellos y poder presumir de sus troleos.

Se coordinan de forma masiva

A mediados de diciembre los tuiteros españoles descubrieron con estupor que uno de los trending topics propuestos por la red social hacía abierta apología de la violencia machista. Se trataba de una acción coordinada por ‘Legión Holk’, una comunidad online con miembros en varios países latinoamericanos que está detrás de varias campañas de acoso como la sufrida por el futbolista James Rodriguez. La acumulación de mensajes de contenido repugnante por parte de estos usuarios logró que la tendencia se colase en Twitter España durante horas, hasta que la red social lo revisó.

Las acciones masivas diluyen así las responsabilidades individuales. Si en Forocoches disfrutan mandando mariachis a la sede socialista de la calle Ferraz o consiguiendo que España designe candidatos absurdos para Eurovisión, Legión Holk es su reverso tenebroso. El acoso, el abuso y la glorificación de la violencia se celebra. Tras el tiroteo escolar en Monterrey, México se ha decidido finalmente a investigarles después de que miembros de la comunidad presumieran de haber alentado al menor a disparar contra sus comentarios. Sin embargo, las páginas relacionadas con ella siguen operando.

Twitter ampara el anonimato

En verano de 2016 la cuenta satírica Masa Enfurecida echaba el cierre tras cinco años crispando a la Red. Tras las repetidas denuncias por acoso por parte de los tuiteros conservadores objeto de sus reiteradas y virulentas críticas, la red social les había exigido un dato que les identificara: un número de teléfono. Los anónimos creadores prefirieron renunciar a la cuenta.

Twitter actúa ante el acoso y los delitos de forma reactiva, es decir, que espera a que sean los usuarios quienes denuncien primero. Facebook opera del mismo modo, pero la red de Mark Zuckerberg incluye filtros de censura automática con los que prefieren pasarse antes que no llegar; con Facebook Live, sin embargo, se están enfrentado al problema de dejar las manos libres al usuario, con escándalos como torturas y violaciones retransmitidas en directo.

Pero es Twitter sin embargo quien carga con la fama de ser campo abierto para el abuso; es el motivo por el que, según informaciones, Disney rechazó adquirirla. El pasado noviembre, al calor de las elecciones estadounidenses, la compañía anunciaba que revisaba su política de admitir “la libertad de expresión ante todo” e implantaba medidas para controlar el “discurso del odio” que se había descontrolado en los mensajes durante la campaña electoral.

Prometía que lo harían “seres humanos”, no “algoritmos”. Pero la evidencia es que sus filtros se sobrepasan fácilmente, y para un acosador que se vale de cuentas de “usar y tirar”, sus medidas punitivas no sirven de nada.

Fuente – Autora