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Una mañana reciente en su estudio de fotografía en Nueva York, Annie Leibovitz estaba hablando afectuosamente con su amiga de muchos años, Gloria Steinem, sobre una sesión fotográfica que hicieron juntas.

La imponente Leibovitz, con el cabello largo y blanco que bajaba por su blusa negra abotonada, recordó haber señalado el escritorio desordenado de Steinem en la esquina de su casa el año pasado y después dijo: “Esa es tu cabina de mando”.

“Creo que es importante que un joven estudiante o escritor te vea trabajando”, le había dicho Leibovitz.

En el retrato terminado, que ahora está montado en una pared, Steinem, la activista política y defensora de las mujeres, de 82 años, fue captada mientras se encontraba abstraída —o preocupada— ante su computadora, rodeada de libros y papel, y bañada por el brillo de su lámpara de escritorio. “Desde luego, es el lugar que tiene más significado para mí”, dijo Steinem, “porque ahí es donde escribo… y donde no soy capaz de escribir”.

La fotografía íntima de Steinem fue la primera de decenas de imágenes nuevas de mujeres líderes —en la política, el deporte, los negocios y la cultura— que Leibovitz, de 67 años, comenzó a tomar el año pasado para actualizar su proyecto de 1999 Women, un libro que empezó con su pareja de 15 años, Susan Sontag, quien murió en 2004. “De verdad resonó”, dijo Leibovitz, pero “el proyecto jamás terminó”.

Diecisiete años después, con Women: New Portraits, agrega algo más a la historia, con una nueva mentora, Steinem; otra generación de espectadores que alcanzar, y un nuevo formato más allá de la página impresa. Desde enero, Leibovitz ha estado en una gira internacional de diez ciudades y no solo se presenta en museos o plazas comerciales, sino también en sitios históricamente ricos donde invita a la audiencia a participar con ella en “círculos de charlas”, dirigidos por Steinem. Se han enfocado en temas que van desde la violencia sexual contra las mujeres en Ciudad de México hasta las experiencias de las mujeres en el mundo de la tecnología en San Francisco.

“Hablar en grupos como esos me conmueve hasta las lágrimas porque podemos hacer este tipo de trabajo dentro de la presentación”, dijo Leibovitz, quien agregó que el nuevo libro es más “democrático”: es más personal, más satisfactorio y está más enfocado en lo que la persona hace (como Andréa Medina Rosas, una abogada de derechos humanos que trabaja con mujeres en la frontera de México con Estados Unidos) en vez de concentrarse en su apariencia.

“Caray, ¿es posible que todo sea así? Estar ahí con Gloria y hablar en grupos de esa manera”, dijo. “Me gusta esta vida”.

Quizá Leibovitz sea la fotógrafa más célebre del mundo; ha estado tomándole fotos a mujeres como personalidades durante 45 años, en las páginas de Rolling Stone, Vanity Fair y Vogue, y ganó, según lo que alguna vez se reportó, 5 millones de dólares anualmente, y hasta 250.000 dólares por parte de clientes publicitarios.

Con su voz fuerte y obstinada, ha hecho mucho por definir el canon del género de los retratos contemporáneos, y ha producido imágenes indelebles y provocadoras que incluyeron a un John Lennon desnudo acurrucado con su esposa completamente vestida, Yoko Ono; a Miley Cyrus semidesnuda a sus 15 años; a la muy embarazada y desnuda Demi Moore; y a Ono después de la muerte de su esposo… sus “lágrimas” fueron cortesía de un truco fotográfico con vaselina (aunque Ono dijo a otras personas que Leibovitz jamás explicó por qué le estaban poniendo vaselina).

“En 1999, nos esforzamos por encontrar directoras ejecutivas y mujeres que dirigieran empresas… fotografiamos a Carly Fiorina”, dijo Leibovitz, al comparar ambos proyectos. “Ahora, parece que de verdad hay muchas más mujeres en puestos altos. Parece que los problemas estaban más en primer plano”.

No hay ningún desnudo entre las filas de retratos clavados en la pared detrás de ella, patrocinados por una comisión abierta, valuada en millones de dólares, de UBS, la empresa de servicios financieros. Y es que uno difícilmente podría imaginar pedirle a la cantante Adele en su piano, a la productora Shonda Rhimes en el set, a la activista pakistaní Malala Yousafzai en un salón de clases, a la primatóloga Jane Goodall o a la senadora Elizabeth Warren que se desvistan. Del grupo, Caitlyn Jenner es la que tiene menos ropa.

Volviendo al proyecto de 1999, dijo: “Quería retratar a Gloria Steinem más vieja. Quería retratar a Misty Copeland, la primera bailarina negra de una compañía que ha existido durante 75 años”. Nadie conocía a Lena Dunham. Leibovitz está buscando lograr unos minutos a solas con Angela Merkel, la canciller alemana, a quien no le gusta que la fotografíen, antes del estreno de la exposición el 14 de octubre en Frankfurt.

“No puedes observar todas esas imágenes sin ver la verdadera diversidad humana de las mujeres, sin estar caracterizadas por ninguna idea femenina ni papel de quiénes se supone que debemos ser”, dijo Steinem, quien ayudó a compilar la lista.

El formato ancestral de compartir historias en el círculo es “activismo básico”, agregó. Se coloca un círculo de sillas al centro de cada instalación, flanqueado por los nuevos retratos puestos en un largo pizarrón de corcho; dos enormes monitores proyectan diapositivas de las primeras fotos de Leibovitz. La gira comenzó en Londres en enero pasado en la Wapping Hydraulic Power Station, y en cada ciudad se han agregado retratos recién tomados.

“Cuando eres fotógrafa, trabajas en un vacío”, dijo Leibovitz. “Tomas una foto y se publica. En realidad no escuchas a la gente. Este tipo de exhibiciones, donde puedes ver que la gente observa la obra, me hacen querer hacer más y participar más en estas actividades”.

La idea inicial para un libro de fotografías sobre mujeres fue de Sontag, a quien Leibovitz conoció en 1989 mientras le tomaba una foto. Dijo que para su primera cita con la formidable escritora se preparó leyendo dos libros de Sontag y The New York Times de inicio a fin. “Quería llevar tarjetas con notas”, se rio, y agregó que Sontag fue “tan linda y encantadora”.

Su relación comenzó durante la agonía del trabajo de Leibovitz en Vanity Fair, revista para la que retrató a Whoopi Goldberg sumergida en un baño de leche (Leibovitz es una investigadora prolífica, y estaba haciendo referencia a uno de los personajes escénicos de la comediante… una chica negra que utiliza blanqueador para frotar su piel e intentar lucir blanca).

Sontag la animó a realizar una serie complicada y personal. “Sabía que si iba a involucrarme con Susan Sontag, mejoraría… sería una mejor fotógrafa, sería una mejor persona”, dijo Leibovitz. Como modelo, utilizó el concepto del fotógrafo August Sander de documentar “todas las condiciones de vida” y salió a buscar profesoras, astronautas, juezas de la Corte Suprema, campesinas, celebridades, prostitutas, la primera dama de Estados Unidos, mineras de carbón, atletas.

El libro desafió la tradición, escribió Sontag, de fotografiar mujeres por su belleza y no por su naturaleza. El nuevo proyecto desarrolla la misma idea. “Las imágenes de las mujeres deben ponerse al corriente con las imágenes de los hombres”, dijo Leibovitz. “No sé si para Susan alguna vez tuve éxito en algún nivel, y por eso es hermoso regresar a este proyecto”.

La diferencia más grande que encontró entre 1999 y hoy es la confianza que ve en las mujeres.

Eva Respini, la curadora principal del Instituto de Arte Contemporáneo en Boston, quien no ha trabajado directamente con Leibovitz, considera que el proyecto es sorprendente por la “colaboración implícita” entre la fotógrafa y quienes fueron fotografiadas. “Gracias a su propio poder, Annie es capaz de hacer que las personas que fotografía revelen algo de sí mismas, e imagino que generalmente son muy reservadas”, dijo. “A menudo, cuando tienes a un fotógrafo y una modelo, hay una suerte de desequilibrio de poder para empezar. Lo que veo en estas fotos es que la situación es igual de ambos lados”.

La exhibición de Nueva York, que se iniciará el 18 de noviembre, incluirá el nuevo retrato que Leibovitz hizo de Serena y Venus Williams, realizado en septiembre después de la derrota inesperada de Serena en las semifinales del Abierto de Estados Unidos y la pérdida de su posición número 1 en el escalafón. En el retrato, las hermanas están abrazadas; Venus, quien es más grande y más alta, parece una envoltura protectora que está alrededor de Serena, quien tiene una apariencia más vulnerable.

“Fue una sesión difícil”, dijo Leibovitz. “La forma en que se cuidan y se protegen es real”. Después de que Serena derrotó a Venus en el Abierto de Estados Unidos el año pasado, Leibovitz resultó inspirada por una fotografía de página completa de las hermanas abrazándose; la arrancó del diario y la pegó en su refrigerador para que la vieran sus tres hijas adolescentes: Sarah, nacida en 2001, y las gemelas Susan y Samuelle, que nacieron en 2005. “Dije: ‘Son hermanas’”. Trabajó durante un año para programar la última sesión.

Sin embargo, Leibovitz estaba claramente incómoda con el revés de papeles cuando un fotógrafo llegó a su estudio de Chelsea para fotografiarlas a ella y a Steinem. Leibovitz interrogó al hombre acerca de cómo las posicionó, el ángulo desde donde estaba fotografiándolas y la iluminación que había elegido; en algún momento fue a ver cómo se veía todo en la pantalla que estaba detrás de la cámara. “No lo puedo evitar. Lo siento”, dijo. “Estoy obsesionada con el control” (después lo invitó de nuevo para otra sesión fotográfica).

Leibovitz ha mantenido un gran control en temas artísticos pero no siempre en cuanto a los negocios. Enfrentó problemas financieros que se hicieron públicos en 2009 tras tomar préstamos mal aconsejados por millones de dólares y utilizar sus casas y derechos fotográficos como garantía. Ha hablado de los muchos problemas que ha enfrentado, desde hipotecas existentes sobre sus casas hasta gravámenes tributarios federales y estatales, demandas, gastos relacionados con la muerte de Sontag, el fallecimiento sus propios padres y el nacimiento de tres hijas.

“Seguía esperando que un caballero armado viniera a salvarme, pero la única respuesta era trabajar duro”, dijo Leibovitz hace poco. Ella refinanció los préstamos en 2010 y dijo que para 2011 volvió a pagar los saldos pendientes (en 2014, vendió su complejo adosado de West Village por 28,5 millones y se mudó a un apartamento de 11 millones de dólares en el Upper West Side).

“Siempre hay algo tortuoso entre el arte y el comercio… cómo nos ganamos la vida”, dijo. Dice que el trabajo de encomienda para revistas es “un gran camino”, aunque las fotos que se publican no siempre sean sus favoritas.

Su asociación con UBS comenzó en 2014, cuando la contrataron para fotografiar una campaña publicitaria. Cuando UBS le preguntó si había algo que le interesara hacer para ella misma, propuso una serie de nuevos retratos de mujeres. “Evoca la época del Renacimiento, cuando se hacía trabajo por comisión”, dijo.

El banco aceptó su tarifa pero no discutió los detalles.

De acuerdo con Johan Jervoe, el encargado principal de mercadotecnia de UBS, las exhibiciones son gratuitas para el público y también están patrocinando programas educativos así como talleres para estudiantes de arte con Leibovitz en cada espacio. UBS se queda con un conjunto de impresiones al final para agregarlo a su colección corporativa de 35.000 obras de arte y la asociación de la gira de alto perfil de Leibovitz para pulir su marca.

“Este es un encargo soñado para mí”, dijo Leibovitz. “No hay personas suficientes que hablen de lo genial que es envejecer y algunas de las cosas geniales que puedes hacer”.

Eso puede significar entrar a la piscina, como lo hizo hace poco para fotografiar a la campeona olímpica de natación Katie Ledecky bajo el agua, dándose impulso de lado como si estuviera en un trance. Leibovitz confía en que fotografiará a Hillary Clinton en la Casa Blanca. “Este es su momento”, dijo.

¿Cuándo considerará que el proyecto está completo? “Susan decía que siempre era una obra en curso”, dijo Leibovitz. “Las mujeres son una obra en curso. Hasta el día que muera, estaré tomando estas fotografías”.

Autor: Philip Montgomery para The New York Times.