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Tiene algo de bueno la televisión, que es un invento maravilloso, nadie lo puede negar. La globalización empezó con el descubrimiento de América pero con los medios de comunicación masivos se ha desarrollado de una manera incontrolada. Hoy día este medio de comunicación de masas forma parte de nuestro mundo, de nuestras vidas, y es difícil ignorarlo. Pero tal como ha ido evolucionando y en lo que se ha convertido, parece un imposible, o más bien es un reto, pensar que podemos sacar provecho de ella, y que se puede también educar usando la televisión.

Los que estudiamos la televisión y vivimos con ella nos resulta difícil mantener esta dicotomía si valoramos los contenidos que actualmente se ofrecen.

No podemos convivir con ella y denostarlas a la vez sin estar locos. Pues por que no aprendemos a vivir con ella y a sacarle todo lo bueno que tiene, si es que lo tiene.

La realidad en nuestro país es que la televisión se ha convertido en la primera alternativa de ocio de toda la familia y especialmente para los niños.  Hay estudios que demuestran que nuestros niños y jóvenes nada mas llegar a casa lo primero que hacen es encender la tele, antes de estudiar o jugar con otros niños. Es también la tercera alternativa para nuestros jóvenes con mucha diferencia sobre las demás opciones y debemos reconocer que para muchos adultos también. 1

Ante estas realidades y muchas otras que cada uno sabe sólo nos queda una opción saber como vivir con ella  sin que llegue a ser el centro de nuestras vidas. Siendo el consumo de televisión cada vez más indiscriminado, ya que esa es la realidad aunque algunos no quieran reconocerlo el mayor peligro es consumir una programación sin selección previa, motivo por el cual el daño psíquico, moral y hasta físico que niños y adultos pueden sufrir es cada día mayor.

Cómo podemos conseguir que padres y niños valoren en su medida justa el valor de la televisión. Para poder utilizarla como un elemento formativo tecnológico y que no ocupe un papel casi humano en su función de niñera y educadora.

¿Cómo actúan en el cerebro las imágenes y los contenidos televisivos? ¿Cómo podemos utilizar la televisión como un elemento educativo? ¿Cómo lograr que nuestros hijos aprendan a usar bien la televisión, y lo enseñen así a sus propios hijos?

Me resulta difícil hacer una relación de cuestiones positivas y negativas de la televisión porque se que nunca coincidiríamos. A pesar de todo hagamos un esfuerzo.

Cuestiones Positivas

  • Es un instrumento de ocio barato y espectacular.
  • La televisión entretiene y acompaña.
  • Ayuda a conocer culturas, geografía e idiomas.
  • La televisión simplifica el entendimiento de la información.
  • Es un medio creativo que impulsa las artes, las ciencias, los sectores sociales, etc.

Cuestiones Negativas

La violencia, el sexo, problemas visuales, alteración del sueño, nerviosismo, fracaso  escolar, aislamiento, obesidad, atrofia de la actividad intelectual, pérdida del discernimiento entre realidad y ficción, banalidad de la violencia, exaltación de lo amoral.

La violencia y el sexo son dos cuestiones que preocupan mucho a los padres y que siempre están presentes en la televisión independientemente del horario. La carga de sensualidad y violencia implícita o explicita es alarmante. Los psiquiatras afirman que hay una relación directa entre estas imágenes y la personalidad del televidente independientemente de la edad de estos. Se ha demostrado que una exposición, a largo plazo, conlleva a tres principales efectos:

El efecto mimético: Las personas expuestas a grandes dosis de violencia pueden llegar a ser más agresivos o al menos a desarrollar actitudes favorables ante la violencia. Los jóvenes más violentos son los que consumen más violencia.

El efecto de la insensibilización: Los espectadores y sobre todo los niños expuestos a esta violencia o sexo son menos sensibles a la realidad, al sufrimiento ajeno y menos solidarios y consiguen alterar su percepción entre lo real e irreal.

La eterna cuestión de que si la sociedad imita a los medios o si éstos reflejan lo que sucede en la sociedad es absurda, porque se da la imitación. Cuando en un programa con la intención de informar expone todos los detalles de un suceso el propio medio se convierte en un multiplicador del hecho en sí y genera en el telespectador un efecto llamada, especialmente a aquellos más sensibles.

Tan importante es el tema que los expertos han denominado este fenómeno como la telebasura que se alimenta de todas la bajezas del hombre, las hace públicas y nutre al espectador con todo aquello que la sociedad por principio rechaza. Haciendo pasar la conducta rechazable y anormal como normal y da a entender que la sociedad lo acepta así.

La telebasura “llena las mentes de historias, de personajes, de modelos, de escalas de valores, de anuncios y sugestiona a través de sensaciones y emociones continuadas en perjuicio de la reflexión y de la capacidad crítica2

¿Por qué la televisión acapara tanta atención de los medios, de los psicólogos y pedagogos? Quizás la razón sea que ver televisión es la tercera actividad en los países desarrollados, después de trabajar y dormir.  Según los datos del EGM de Abril de 2016 el promedio en España es de  223 persona/día, casi cuatro horas diarias de consumo televisivo por persona. 3

Un 79% de los españoles la enchufan diariamente. Los niños la ven al menos 3 horas diarias solos o con sus hermanos.

Qué podemos hacer antes esta lucha desleal. No debemos olvidar que la televisión puede ser un medio de educación que el problema no está en el medio sino en el contenido y sobre todo en el uso que le da el teleespectador ya que no podemos hacer nada contra la programación, sólo quejarnos a través de las organizaciones de usuarios y plataformas sociales.

De todas formas para controlar el medio hay que:

  • Procurar no dejar nunca a solas a los niños ante el televisor. El 45% de los niños afirman que ven la tele solos. 4
  • Ponerse de acuerdo con ellos sobre el tiempo que se va a dedicar cada día o cada semana a la televisión.
  • Impedir que el aparato de televisión lo enciendan los niños cuando quieran.
  • Evitar que la televisión esté encendida durante las comidas. Son horas de conversación familiar.
  • No castigar o premiar con la televisión. El niño podría pensar de que se trata del mejor y más importante placer al que se puede aspirar o perder.
  • No hacer zapping, y menos si es “para ver que hacen…” y mucho menos en compañía de los niños, ellos también aprenden. Podemos encontrarnos con escenas no deseadas. Consultar un diario o guía.
  • Evitar que hagan las tareas delante a la televisión. Los niños mientras estudian deben estar en silencio, concentrados, en una habitación apropiada y bien iluminada.
  • Los niños no deben tener una televisión en sus habitaciones. Tengamos la televisión y el ordenador, elemento del cual no hemos hablado, en una sala común. Las vacaciones es un buen momento para hacer otras cosas y no utilizarla como niñera, eso requiere esfuerzos de los padres y dedicación pero que mejor plan pueden tener los padres interesados por la educación de sus hijos.

Y lo más difícil, dar buen ejemplo. Es el camino más corto y efectivo para educar pero también el más comprometido.

 Propuestas para ser un telespectador con criterio

  1. La información previa es el primer paso para ser telespectadores responsables.
  2. Los padres no pueden abdicar en la televisión el deber y la responsabilidad formativa que les corresponde.
  3. Una adicción desordenada a la televisión impide el juego del niño y la convivencia de la familia.
  4. La capacidad de imitar que tiene el niño debe ser orientada al conocimiento de personajes reales ejemplares, y no hacia “héroes” televisivos de moral dudosa.
  5. Los padres y profesores han de enseñar a los niños a selecciones espacios televisivos gratificantes y enriquecedores, y a rechazar aquellos que le puedan degradar en su dignidad humana.
  6. La televisión infantil debe fomentar aquellos espacios que tengan que ver con el desarrollo de los derechos humanos, valores familiares, ocupaciones positivas del ocio, estudio y cultivo de la cultura y del espíritu, etc. Cualquier espacio que incluya erotismo, violencia, permisividad, hedonismo y materialismo, delincuencia o racismo, no es apto, y lo hemos de desechar de nuestra elección.
  7. Los padres han de iniciar a los niños, según su edad, en una positiva y prudente educación sexual, y no dejarlo a los programas de televisión.
  8. Es muy negativo que el niño vea el programa que se le antoje, tanto con la complicidad de sus padres como a escondidas de éstos.
  9. Los padres han de esforzarse por buscar alternativas a la televisión: visitas lúdicas, culturales y ecológicas, obras de teatro, proyecciones de vídeos, tertulias familiares divertidas, actuaciones solidarias a favor de los demás, etc.
  10. La cultura de la imagen puede llegar a los niños por otros medios que no sea sólo la televisión, es decir, por fotografías, exposiciones y museos, mapas, etc.
  11. Las familias pueden y deben crear su propia videoteca con películas y documentales de interés para todos.
  12. Los padres y educadores han de estar atentos para que la televisión no convierta a los niños e caprichosos y egoístas consumidores de todo lo que se anuncia.
  13. Ver o no ver televisión no debe convertirse en un premio o castigo para el niño.
  14. Los padres con el apoyo de las asociaciones deben vigilar que las empresas audiovisuales cumplas las leyes en sus contenidos.
  15. Si los espacios y programas de televisión “basura” son vistos por el niño, éste se desorientará y equivocará al comprender y valorar el sentido de la vida, e irá deformando su conciencia moral.
  16. El ejemplo de los padres y educadores es fundamental para los niños. 6

Autor: antoniolerma.es

1 Sondeo sobre la Juventud Española entre 15 y 29 años, 2003
2 Cardenal Ennio Antonelli, arzobispo de Florencia, carta pastoral del 16 de enero de 2005.
3 http://www.aimc.es
4 Barlovento Comunicaciones, S. L., informe del comportamiento de los españoles ante la televisión 
  sobre datos de TNSofres en el período 1 de enero-15 febrero de 2005.
6 Como sacar partido a la televisión, Mª Mercedes Álvarez Pérez. RIALP 2005