Select Page

Doha, Qatar. Enviado Especial

La palabra se puso de moda. Está presente en el debate sobre los medios, en congresos científicos y ahora le tocó el turno a la educación. La palabra es “posverdad” y hace referencia, básicamente, a las informaciones o postulados que circulan socialmente y que la gente sostiene como verdaderos no porque se basen en hechos comprobables o reales sino porque apelan a emociones, creencias o el simple deseo de que sean ciertos.

Las redes sociales, y los algoritmos que ordenan la información de acuerdo a lo que uno quiere ver y escuchar, potencian este efecto. Y así las sociedades se van dividiendo cada vez más en torno a grupos que mantienen y refuerzan sus creencias. Se puede pensar en la realidad argentina y su famosa “grieta”, pero sucede también en los Estados Unidos (pro Trump y anti Trump), en España con la crisis catalana, en Europa con el Brexit, y en cada rincón del planeta.¿Qué tiene que ver esto con la educación? Los expertos creen que un estudiante alfabetizado hoy no solo tiene que poder comprender un texto (y aquí lo hace menos de la mitad de los que terminan la secundaria) sino también tiene que estar capacitado para interpretar los mensajes en el contexto de la “era de la posverdad”. Tiene que aprender a despejar las malezas, lo realmente verdadero de lo falso, en un contexto en el que lo que sobra es la información.

Creó una “universidad anticorrupción” y ganó el principal premio de educación

Es un muy ambicioso objetivo que surgió, como tema principal, en el Congreso Mundial de Innovación para la Educación WISE, que se realizó en Doha, Qatar, y en el que participaron más de 2.000 especialistas –entre educadores, académicos, funcionarios y miembros de ONG- de casi 100 países.“La única solución para paliar esta situación es la educación. Hay hechos y hay opiniones. Y los hechos son fáciles de tergiversar con pericia tecnológica. Las nuevas generaciones tienen que poder discriminarlo y vivir en un mundo donde negro y blanco pueda mezclarse”, dijo Fareed Zakaria, periodista del Washington Post especializado en relaciones internacionales, que fue el orador principal del evento. En la anterior cumbre WISE, en 2015, ese lugar había sido ocupado por la entonces primera dama de los Estados Unidos Michelle Obama.

La cumbre WISE es organizada por la Fundación Qatar –que dirige la jequesa Sheikha Moza bint Nasser, madre del actual emir- y se realiza desde el año 2009 en el majestuoso centro de convenciones ubicado en las afueras de Doha. A pocos metros de allí se alza “la ciudad de la Educación”, un terreno de 14 kilómetros cuadrados de extensión con edificios educativos, muchos de ellos pertenecientes a las más importantes universidades del mundo.

Las nuevas tecnologías aplicadas a la educación, como la inteligencia artificial y la realidad virtual, también tuvieron un lugar preponderante. Aunque se escucharon voces críticas con respecto a la visión de algunos emprendedores que promueven su uso masivo en las escuelas. Fue el caso de Jörg Dräger, físico y político alemán, que hoy trabaja para la editorial Bertelsmann y es considerado una voz autorizada en tecnología y educación. Para Dräger las empresas que ofrecen soluciones digitales para las aulas no han puesto el suficiente foco en la pedagogía y este es precisamente el principal desafío que hay que encarar de ahora en adelante.

China es el país donde más se están utilizando plataformas de inteligencia artificial para personalizar la educación de los chicos, especialmente en aquellas áreas donde no llegan con la suficiente cantidad de docentes. Las plataformas “acompañan” la educación de los chicos y –con herramientas de inteligencia artificial avanzada- se van adaptando al ritmo de aprendizaje de cada uno. Al menos, eso es lo que prometen. En la Cumbre se vio mucha empresa china ofreciendo este tipo de servicios.

Mujeres musulmanas festejan que la Barbie se ponga el velo islámico por primera vez

El drama de los chicos refugiados que se quedan sin escuela fue otro de los temas centrales y preocupación de la cumbre. Hoy en día, apenas el 1% de los chicos refugiados van al colegio y hay más de 260 millones en el mundo sin escolarizar, de acuerdo a cifras de la Fundación Qatar. Solo en Turquía hay 3,5 millones de personas refugiadas, de las cuales un millón son chicos.

Entre los proyectos destacados en la cumbre se encuentran los destinados a generar mayores niveles de igualdad en el acceso a la educación. Uno de ellos es Teach for All, una ONG que recluta jóvenes universitarios recién recibidos en cualquier carrera para que den dos años de clases en las escuelas más pobres.

La organización fue fundada por Wendy Kopp en los EE.UU. y hoy tiene presencia en 46 países, entre ellos la Argentina, a través de la organización “Enseñá por Argentina”. “Cada una de estas ONG funcionan en sus países en forma independiente, aunque forman parte de la misma red, con el mismo objetivo: darles a todos los chicos del mundo las mismas oportunidades de tener una educación de calidad”, le dijo Kopp a Clarín.

La palestina Dalia Fadila lidera otra experiencia en el mismo sentido. Esta especialista, que estudió literatura estadounidense en Israel, creó la red de escuelas “Q Schools” para que los chicos palestinos que viven en Israel puedan ser “ciudadanas globales”. En esas clases los alumnos estudian solo en inglés, utilizando libros, materiales y métodos que alientan a los estudiantes a expresar sus opiniones y valorarse personalmente.

La ciudad de Doha, capital del pequeño y poderoso emirato de Qatar, recibe al visitante con una colección de rascacielos con diseños de vanguardia que crecen en forma frenética en medio del desierto. Primer contraste para una serie que sobrevendrá a medida que uno se adentra en este país que vive a mitad de camino entre la tradición y la modernidad.

El subsuelo qatarí reúne una de las principales reservas de gas y petróleo, lo que convierten a este país en el primero en términos de PBI por habitante. Pero la realeza que lo gobierna desde 1971 sabe que las reservas no durarán más que tres o cuatro décadas. Por eso, buscan la forma de que el actual crecimiento económico sea “sustentable”.

Y aquí entra a tallar la palabra “educación”. La visión oficial es que deben aprovechar la actual abundancia para generar el suficiente capital cultural que les permita encontrar nuevas fórmulas de crecimiento en el futuro.

Es la jequesa Sheikha Moza bint Nasser, socióloga de profesión y madre del actual emir, la que se encarga del asunto. Creó la Fundación Qatar, y a fuerza de petrodólares desarrolló un enorme campus universitario –de 14 kilómetros cuadrados-, en el que se levantan sedes de las principales universidades del mundo, entre ellas las estadounidenses. También impulsó la “Cumbre Mundial de Innovación para la Educación” (WISE, por su sigla en inglés), que se convirtió en uno de los encuentros más influyentes en materia de educación.

“Las escuelas palestinas no son buenas. Armamos un sistema educativo alternativo para elevar el nivel cultural de los chicos palestinos dentro de Israel. Enseñamos liderazgo, autoestima y las habilidades que se necesitan hoy. El inglés es importante porque los hace trascender a su realidad”, le dijo Fadila a Clarín.

Hay una mezcla de auténtico interés por la educación con marketing y afán de posicionamiento internacional, afirman los expertos. Lo mismo sucede con el súbito interés qatarí por el fútbol, o por el negocio del fútbol. Si bien son pocos los que aquí saben patear una pelota, Qatar será la sede del Mundial de 2022. Lo logró en una reunión de 2010, que el FIFAgate alimentó de sospechas.

La dirigencia qatarí supo moverse con astucia en el terreno geopolítico, cuentan los expertos: por décadas se alió con los Estados Unidos, pero alentó a la cadena de noticias Al Jazeera que expresa otra mirada; busca a los profesores más renombrados, pero mantiene fuerte las tradiciones religiosas en las aulas.

La cumbre de educación se hace desde 2009, y este año la encontró en un contexto conflictivo. Desde el 6 de junio, Arabia Saudita, junto Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto acusan a Qatar de financiar el terrorismo y le iniciaron un bloqueo diplomático y económico. Le exigen, entre otras cosas, alejarse de Irán, cerrar Al Jazira y una base militar turca. Como si fuera poco, en las últimas semanas escaló el conflicto entre Arabia Saudita e Irán y Qatar quedó del lado de los iraníes. Eso hizo que muchos países no enviaran a sus funcionarios a la cumbre y que la discusiones sobre geopolítica hayan ganado algunos debates. La jequesa incluso aprovechó la cumbre para hacer un fuerte llamamiento en contra del bloqueo.

El profesor ghanés Patrick Awuah obtuvo el premio WISE por la creación de Ashesi University College, una universidad que se propuso en su país educar con calidad y, al mismo tiempo, “fomentar el liderazgo ético” de los jóvenes en un contexto de alta corrupción. Ganó 500 mil dólares para impulsar el proyecto.

Los organizadores anunciaron que ya está abierto el plazo para presentar proyectos para la edición 2018. “Se valorará que muestren innovación, tengan un plan de desarrollo claro, y sean financieramente sólidos, escalables y replicables”, dicen. Hay tiempo hasta el 30 de enero.

Fuente: clarin.com