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¿Cómo han cambiado nuestra relaciones en este mundo digital?

Las relaciones familiares de hoy en día no tienen mucho que ver con las que fueron establecidas al principio por Dios según la Biblia. La sociedad ha cambiado y la escala de valores se ha alterado tanto por nuestras inclinaciones, que hablar de fidelidad y amor en la pareja es algo cada vez más inusual.

“En el principio la relación de pareja, basada en el concepto de matrimonio tal como lo conocemos hoy, fue fundamentado en una relación perfecta en el amor y el respeto. Fue creado por Dios mismo, como una institución. En ella se simbolizaba una unión para toda la vida, símbolo de Dios y su creación. Donde el respeto a la individualidad estaba presente. Tanto el hombre como la mujer eran una sola carne y ninguno debía ceder su independencia al otro. Si uno cedía su control al otro o adoptaba una posición pasiva, estaba deshonrando a Dios”.[1]

Como resultado de esta situación y ante estos nuevos medios de comunicación, una de las cuestiones que se plantean con más insistencia es el uso, abuso y mal uso de Internet en el entorno familiar. El anonimato, es una tentación para una doble moral. No solo es preocupante en los mayores, también en los más jóvenes, ya que son los menos preparados para afrontar esta libertad en las redes.

Uno de los primeros problemas que estamos padeciendo, con la colaboración de las nuevas tecnologías, es el de las infidelidades en las parejas.

En los últimos años, el desarrollo de las redes sociales ha sido de tal calado que hoy en día a la mayoría le cuesta imaginar cómo nos relacionábamos antes del WhatsApp, Facebook o Twitter. Estas y otras herramientas digitales nos permiten estar en contacto permanente con gran número de personas, pero también han multiplicado las posibilidades de enfadarnos con un amigo, compañero o familiar, además de precipitar un sinfín de separaciones. La red mundial de información se ha convertido en la nueva forma de generar vínculos románticos que, si bien no implican contacto físico —al menos al inicio—, no dejan de contener fuerte carga erótica y sexual. [2]

Internet facilita las relaciones a distancia y en la comodidad del anonimato, favorece el acercamiento de las personas que están lejos pero también pueden alejar a los que están cerca. Pero a pesar de Internet los motivos para engañar siguen siendo los mismos de siempre. Según el Dr. Carlos Chimpén lo único que varia son las necesidades: “mientras que los hombres buscan sexo y novedad ( y no necesariamente con personas más atractivas que sus parejas) pero sí más jóvenes, para negar el proceso de envejecimiento. Las mujeres suelen buscar comunicación e intimidad emocional”. [3]

En efecto, las relaciones virtuales, los llamados affaires online, suelen implicar el mismo tipo de pensamientos y emociones que cualquier otra relación; lo cual incluye secretos, fantasías, entusiasmo, frustraciones, negación y/o racionalización; todo menos amor verdadero. Por tanto, pueden tener un potencial devastador para otras relaciones que se mantengan al mismo tiempo, sean amorosas, familiares, laborales o de amistad.

Con el tiempo, el mundo de fantasía que se presenta en la Web puede hacer que la persona entregada a ese mundo vea la vida real como monótona, aburrida, y en la que resulta imposible acceder a la increíble cantidad de intimidades y privacidad que se pueden encontrar online. Las responsabilidades no existen, los compromisos, aparentemente tampoco.

Las reuniones, las citas para verse y tomar algo e incluso las largas conversaciones a través del teléfono, han sido sustituidas, con frecuencia, por los e-mails, chats, mensajes, skype, etc. “Independientemente de la manera en cómo se han visto afectadas las relaciones sociales debido a estos medios de comunicación, éstos han repercutido de manera importante en las relaciones de pareja; y en ocasiones han llegado a provocar lo que se conoce como  infidelidad virtual”.[4]

En realidad, el flirteo online es una manera de canalizar algunas fantasías y también de reafirmar el ego, el poder de conquistar. Es tocar el fuego sin quemarse aparentemente, es jugar a la conquista, desde la cómoda posición del anonimato, evitando de paso cualquier eventual contagio.

“Todos podemos hacernos un perfil en una red social y desde ahí entrar a jugar como un actor en su papel. Es un avatar más. Juega su imaginación, sin límites, para crear su perfil personal sin ningún tipo de limitaciones, solo las morales”.[5]

Dado que algunos plantean dudas si una infidelidad virtual es realmente una infidelidad, debemos ponernos de acuerdo en ciertos términos que vamos a utilizar: La relación real es cuando se puede compartir un apretón de manos, una caricia y un abrazo. Es la relación que nos permite caminar juntos, ir al cine y ver la televisión; escuchar la radio; o hablar sentados uno frente al otro, es decir, aquella que está formada por, lo que vamos a llamar, una pareja real.

Por otro lado, la relación virtual es aquella que está formada por lo que se conoce como pareja virtual. El motivo por el que nos vemos tan atraídos a este tipo de relaciones virtuales es porque la conexión que establecemos es inmaterial, a través de una comunicación virtual y no implica un contacto físico y por consiguiente es llamada incluso “espiritual” por algunos.

Como no estamos atados por limitaciones físicas, tenemos la libertad de pensar cuantas fantasías queramos; de atribuirle las mejores características a nuestra contraparte virtual, y de elevar nuestra conexión con ella “hasta las nubes”, por así decirlo. Nos auto-convencemos de que esta conexión es muy especial y que es una oportunidad para lograr una relación más bella y perfecta que la que estamos viviendo en la realidad. (Continuará)

Antonio Lerma. Lic. en Comunicación Social, Doctor en Comunicación y Máster en Teología. Actualmente es el responsable de Comunicación de ADRA España.

Foto: Andrew Neel en Unsplash

[1] G. de WHITE, Elena. Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio. Florida: Asociación Publicadora Interamericana. (1994). p.30

[2] MIRALLERS, Francesc. Infelicidad digital. 2014. http://elpais.com/elpais/2014/07/04/eps/1404491614_837184.htm (Capturada: 7/12/2014)

[3] CHIMPÉN, Carlos. Protéjase de la infidelidad. Revista Vida Feliz. Año 109. núm. 1 p.16.

[4] http://www.crecimiento-y-bienestar-emocional.com/infidelidad-virtual.html (Capturada: 7/9/2016)

[5] MARTÍN CAMACHO, Javier. http://www.fundacionforo.com/pdfs/archivo42.pdf