El oxímoron del griego ὀξύμωρον, oxymoron, en latín contradictio in terminis, es una figura literaria que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión,​ que genera un tercer concepto.

Por ejemplo la paradoja “Solo sé que no sé nada”, la antítesis: “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”, o el pleonasmo: “cállate la boca”.

Pero también utilizamos el concepto en palabras, tales como:  acorazado de bolsillo, agridulce, altibajo, baja altitud, claroscuro, clamoroso silencio, hielo abrasador, Ir a ningún sitio, pequeño gran hombre, realidad virtual, secreto a voces, silencio atronador, sociedades unipersonales, tolerancia cero, tragicomedia, un silencio ensordecedor, valiente cobarde y muchas más.

El uso de Internet supone dejar abierta nuestra vida privada a un mundo de insospechados peligros, qué mejor oxímoron. Al enfrentarnos al uso de cualquier página en cualquier buscador cedemos conscientemente nuestra vida privada. Claro está que no lo deseamos, pero es más fuerte la necesidad de uso que nuestra privacidad. Así que todos conscientes o inconscientemente dejamos abiertas las puertas y ventanas de nuestra casa.

Hace años la fiebre de ser perseguidos por nuestras creencias, basándonos en el conocimiento de algunas profecías, nos hacía ser muy cuidadosos al no dar a conocer información personal, pero ahora somos nosotros mismos los que ofrecemos gratuitamente toda nuestra vida -hechos y pensamientos-, sin ningún problema.

Ya no hay por qué leer los términos y condiciones para entrar como usuarios en cualquier aplicación o programa, y mucho menos nos preocupa dejar rastro de nuestras búsquedas en los navegadores.

Nos hemos convertido en moneda de cambio[1] en el uso de información aparentemente gratuita. Pero luego nos asombramos de que nuestros datos sean utilizados por terceros, hábiles al ofrecernos artículos que saben casi antes que nosotros que los necesitamos. Y nos escandalizamos y afirmamos: “yo pensaba que… yo creía que…”. Hay que pensar antes de dar el paso.

Desde la digitalización y la llegada de las redes, cualquier palabra o dato viaja hasta el otro confín de la tierra, sin poder recuperarlo. Quedamos expuestos a los ojos del mundo y al hacerlo no somos conscientes de las repercusiones y olvidamos que quedará expuesto por toda nuestra vida y después de ella.

En la red global hay millones de usuarios en más de 200 países, y casi en cada uno de ellos con leyes propias y diferentes que hace imposible localizar el origen de un delito sobre la privacidad y someterlo a una sanción si fuese necesario.

El oxímoron es intrínseco cuando hablamos de Redes Sociales, porque son plataformas para compartir. Este proceso nos genera sin darnos cuenta, nuestra Identidad Digital. Todo queda, todo se comparte y para siempre. Podemos pensar que la información que cedemos en una red, ahí queda, y olvidamos que todas o casi todas las plataformas, venden al mejor postor nuestra identidad que hemos estado creando sin ser conscientes y que las diferentes empresas cruzan, creando una base de datos, Big Data, más importante que la de Hacienda o la propia Seguridad Social en nuestro país.

Las redes enredadas

No es la finalidad de este artículo desvelar los entresijos internos de las redes sociales ni sus propietarios, básicamente porque es prácticamente imposible saberlo con seguridad. En estos momentos, y como ejemplo, sabemos que Mark Zuckerberg es la imagen de Facebook, aunque solo posee entre un 25% y un 30% de la empresa. Empresa que aglutina a cuatro de las más grandes redes sociales que existen: Facebook, Facebook Messenger, Whatsapp e Instagram. Sabemos que estas cuatro cruzan nuestra información, y sospechamos que la comercializan.

Las redes que vigilan, las redes vigiladas

Recordemos La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) ordenó a la red social a pagar US$ 5.000 millones como sanción por las malas prácticas en el manejo de la seguridad de los datos de los usuarios.

A Facebook se le acusa de haber compartido de manera inapropiada los datos de 87 millones de usuarios con la firma de consultoría política Cambridge Analytica[2], Pero algunos analistas dudan que esta multa llegue a pagarse.

Esta situación empieza a complicarse con la proliferación de los asistentes virtuales (Siri, Cortana, Alexa…). Estos asistentes virtuales, capturan el sonido de nuestro entorno, nuestra voz al dar las instrucciones o nuestras reacciones frente a cualquier respuesta; como parece que ya ha ocurrido[3]. Todas son preguntas que cada día más se hacen los que trabajan en ciberseguridad[4].

Hace escasamente un año, la Liga de Fútbol Profesional en España fue investigada (y recientemente sancionada) por utilizar su aplicación para identificar, a través del sonido, transmisiones de partidos en algunos bares que no tenían contratado el servicio de pago[5].

Recientemente, Google ha sido sancionado por grabar el 0,2% de las conversaciones de sus asistentes de voz. Según el gigante tecnológico el objetivo es simplemente mejorar la calidad del servicio[6]. Y esto no ha hecho más que empezar…

Y por último, pero no el final, el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos informa de que durante 2019 y 2020, y en fechas muy señaladas, el organismo público va a rastrear todos los móviles que están funcionando en España con el objetivo de realizar estudios demográficos y con el fin de mejorar nuestra calidad de vida[7].

Ante esta situación hay una realidad y es que mayoritariamente aceptamos las normas del juego, porque si no, no juegas. Juanjo Galán afirma que “más de un 90% nunca se leen las condiciones y más del 40% no modifican la privacidad por defecto de sus dispositivos”[8].

Enfrentados pues a la evidencia de que nuestros datos personales pueden estar circulando por internet, como producto de compra-venta, y si aún no estamos convencidos de los riesgos que estamos asumiendo cuando los compartimos, nos queda la posibilidad de hacer un pequeño ejercicio y comprobar si parte de nuestra información personal circula por la red.

Cada día cientos de webs son atacadas y se terminan filtrando los correos y contraseñas de miles de cuentas. Si tus datos aparecen en esas bases filtradas, cualquiera puede acceder a ellas sin que ni siquiera tú te enteres de ello. Pero existe una forma de saber si tus datos se han visto comprometidos o no, visitando Haveibeenpwned[9].

Se trata de una web que te permite comprobar si tu dirección de correo ha sido filtrada de una forma muy sencilla e intuitiva.

Detrás de este nombre, se esconde la expresión “Have I Been Pwned?”, que en español se traduciría como “¿se han apropiado de mis datos?”. Todo viene del término “pwn” que en jerga script kiddie (nivel de hacker básico) hace referencia a comprometer o exponer los datos de un ordenador en concreto:

  • Puedes introducir tu email: así sabrás si tu correo electrónico se está usando en servicios online sin que tú lo sepas.
  • Al igual que con el email, si introduces una contraseña en HIBP, podrás saber si ha sido hackeada o si alguien más la está usando.

Además, puedes crear una alerta en esta página web, para que te avise mediante una notificación si tu email o password han sido comprometidos. De esta forma podrás estar tranquilo, sin necesidad de tener que comprobar cada dos por tres tus datos.

[1] [enlace al anterior artículo sobre la libertad en un mundo digital]
[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-49093124
[3] https://elpais.com/tecnologia/2019/04/23/actualidad/1556010542_905984.html
[4] https://elpais.com/internacional/2019/12/13/mundo_global/1576253606_323938.html
[5] https://www.lavanguardia.com/deportes/futbol/20190611/462801653528/laliga-multada-app-espia-250000-euros.html
[6] https://elpais.com/elpais/2019/07/12/ciencia/1562914719_220640.html
[7] https://cincodias.elpais.com/cincodias/2019/10/29/lifestyle/1572343648_683571.html
[8] https://retina.elpais.com/retina/2019/09/05/tendencias/1567673377_278104.html
[9] https://haveibeenpwned.com/